Tres ideas para entender por qué el calor extremo mata, y cómo lo medimos. No hace falta ser especialista.
El cuerpo humano soporta el calor del día si por la noche puede recuperarse. Mientras dormimos, cuando el aire refresca, el corazón descansa y la temperatura interna vuelve a la normalidad. Ese descanso nocturno es lo que nos permite aguantar un día caluroso tras otro.
Cuando la temperatura de la madrugada no baja lo suficiente, esa recuperación no ocurre. El corazón sigue trabajando toda la noche para enfriar el cuerpo y, a la segunda o tercera noche cálida seguida, la persona amanece sin haberse recuperado. Es como un teléfono que se usa todo el día y en la noche solo carga a la mitad: el primer día funciona, al segundo o tercero se apaga.
La climatología pone nombres a las noches cálidas según su temperatura mínima:
El riesgo no es un número exacto sino una escala: cuanto más alta la mínima nocturna y más noches seguidas, mayor la mortalidad, sobre todo en población vulnerable. Los estudios muestran que el calor nocturno eleva el riesgo de muerte de forma independiente del calor del día.
El termómetro no cuenta toda la historia. A la misma temperatura, el cuerpo sufre mucho más cuando hay humedad, porque el sudor —nuestro sistema de enfriamiento— no se evapora bien en aire húmedo. El índice de calor combina la temperatura del aire y la humedad relativa para estimar la temperatura que el cuerpo percibe a la sombra.
Se calcula con el algoritmo de la NOAA (el servicio meteorológico de EE. UU.) y se ordena en una escala de riesgo:
La temperatura de bulbo húmedo (TBH) es la temperatura más baja a la que se puede enfriar el aire evaporando agua en él. En términos simples, mide hasta dónde puede enfriarse el cuerpo sudando. Cuando la TBH es muy alta, el sudor deja de servir y el cuerpo ya no puede deshacerse de su propio calor.
Durante años se dijo que el límite de supervivencia humana era una TBH de 35 °C. Pero ese valor era teórico —de un modelo de 2010— y nunca se había medido en personas reales. Los experimentos del Proyecto PSU HEAT (2022) lo corrigieron con voluntarios en cámaras climáticas, y el límite real resultó más bajo:
Estos límites ya se han rebasado de forma breve en el sur de Asia y el Golfo Pérsico, y de manera incipiente en el noroeste de México, el Golfo de California y el sur del Golfo de México. Por eso la tabla de índices de calor no solo colorea el riesgo por temperatura: también marca, en morados, cuándo se entra en la zona de supervivencia comprometida.
La temperatura mínima de la noche es el indicador estándar, pero solo describe el instante más fresco: no dice cuánto calor hubo ni por cuántas horas. Una misma mínima puede corresponder a una noche que refrescó pronto o a otra que estuvo caliente casi hasta el amanecer.
Piénsalo así: una noche puede empezar en 34 °C a las 20:00, seguir en 28 °C de madrugada y bajar a 24 °C justo antes de amanecer. Con el criterio de mínima ≥ 25 °C esa noche "no cuenta" — y sin embargo acumuló siete horas por encima de 28 °C. El desgaste del cuerpo ya ocurrió cuando llega el punto más fresco.
Por eso, además de la mínima, medimos la carga térmica de toda la noche con dos indicadores:
El caso más claro es Mexicali: por su temperatura mínima parecía de riesgo nocturno moderado, pero por acumulación es la ciudad de mayor carga térmica nocturna del país — sus noches se mantienen calientes durante horas y solo bajan de 25 °C poco antes del amanecer. El índice HNE, el mismo que emplean estudios de mortalidad recientes, confirma la tendencia al alza en todo el país.
Vecellio, Wolf, Cottle & Kenney (2022). Evaluating the 35 °C wet-bulb temperature adaptability threshold (PSU HEAT). J. Applied Physiology.
Wolf, Vecellio & Kenney (2023). Critical environmental limits for older adults. · Vanos et al. (2023). Human survivability and liveability to heat. Nature Communications.
Murage, Hajat & Kovats (2017). Night-time temperatures and mortality. · Sherwood & Huber (2010), PNAS · Raymond et al. (2020), Science Advances · Stull (2011) · NOAA/NWS, Heat Index Equation.
He et al. (2022). The effects of night-time warming on mortality burden under future climate change scenarios. The Lancet Planetary Health · Obradovich et al. (2017). Nighttime temperature and human sleep loss in a changing climate. Science Advances.